jueves, 27 de noviembre de 2008

La “Nueva Izquierda” en América Latina, en crisis con el derrumbe del “libre mercado"; por James Petras

La “Nueva Izquierda” en América Latina, en crisis con el derrumbe del “libre mercado"; por James Petras

inSurGente.- “América Latina entra en un período de recesión profunda de la economía, con crisis financieras, derrumbes en las cotizaciones de bolsa, precios, devaluación importante de sus divisas, aumento del paro, bajada de ingresos y la perspectiva de que sea para un período prolongado. El frenazo económico afecta el espectro entero de la política, ya que se extiende desde el régimen de extrema derecha de Uribe en Colombia a los gobiernos sociales liberales chilenos y brasileños de Bachelet y Lula da Silva, a los regímenes de “centro-izquierda” de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador y aún al gobierno izquierdista de Hugo Chávez. (…)Sin embargo, el fracaso del keynesianismo podría devenir en regímenes de restauración fascista represiva o a soluciones radical/socialista. En esta crisis, todas las opciones están abiertas, dada la fragmentación causada por los regímenes de “centro-izquierda” y lo traumático de la profundidad de la crisis. Los resultados político económicos del futuro no están gobernados por noción especulativa alguna de “grandes ondas históricas”. Los resultados políticos están condicionados por la lucha de clases y la lucha por el poder del estado. El hoy impredecible resultado de la lucha social es el resultado de la falta de preparación de cualquier movimiento de izquierda social para hacerse con el liderazgo tras la catástrofe del colapso del capitalismo mundial.(…)”.




La "Nueva Izquierda" en América Latina, en crisis con el derumbe del "libre mercado"



James Petras

inSurGente



América Latina entra en un período de recesión profunda de la economía, con crisis financieras, derrumbes en las cotizaciones de bolsa, precios, devaluación importante de sus divisas, aumento del paro, bajada de ingresos y la perspectiva de que sea para un período prolongado. El frenazo económico afecta el espectro entero de la política, ya que se extiende desde el régimen de extrema derecha de Uribe en Colombia a los gobiernos sociales liberales chilenos y brasileños de Bachelet y Lula da Silva, a los regímenes de “centro-izquierda” de Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador y aún al gobierno izquierdista de Hugo Chávez.


No es sorprendente ver que regímenes de derechas, abrazando doctrinas neo-liberales y negociando acuerdos de libre comercio con EEUU, vivan un fuerte derrumbe económico. Pero la crisis también ha afectado, con igual o mayor fuerza, a supuestos gobiernos de centro-izquierda como Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia y Nicaragua.


La uniformidad del colapso de las economías latinoamericanas levanta preguntas importantes sobre los cambios y las reclamaciones de independencia, liberación y modelos post liberales, que muchos líderes, ideólogos y escritores progresistas de EEUU, Europa y latinoamericanos hicieron durante los últimos años.


El derrumbe, de lo que algunos escritores han llamado “la marea rosa” de América Latina, y otros publicistas más exagerados mencionan como los nuevos 'regímenes revolucionarios”, (y otros analistas más prudentes llamaron "las democracias post-neoliberales”) levanta preguntas serias sobre la aparición de un nuevo modelo dinámico heterodoxo más subordinado aún a EEUU.


Las crisis simultáneas económicas en América Latina y EEUU/Europa ponen en duda el grado de los cambios estructurales que fueron puestos en práctica por los regímenes de centro-izquierda latinoamericanos. Más expresamente, su fijación en aplicar prácticas manteniendo la continuidad del sistema financiero, del modelo comercial, de la estructura productiva y de la política de libre comercio, como sus predecesores los regímenes neo-liberales. Las propuestas de liberación de los gobiernos de centro izquierda se han quedado sin sustancia, han sido olvidadas.


Frente al derrumbe de las economías de centro-izquierdas, sus antiguos animadores ideológicos han alternado entre un silencio ensordecedor para evitar cualquier explicación estructural; y/o, simplemente, proyectar ‘la culpa' sobre 'el capitalismo de casino' de EEUU.


La postura última da por sentado algo que realmente no lo está, como es que los gobiernos de centro-izquierda abrieron sus economías y las hicieron en exceso vulnerables a la especulación de Wall Street. Hasta el derrumbe reciente, los defensores intelectuales de los gobiernos de centro-izquierda tenían poco que decir sobre los vínculos con Wall Street, así como los altos índices de crecimiento temporales, que ellos atribuyeron al 'nuevo modelo heterodoxo'.


Los nuevos ideólogos de la “izquierda” latinoamericana anularon el problema apuntando con el dedo al exterior. De este modo, reflejaron una gran ignorancia de lo que estaba sucediendo realmente dentro de sus países.
Ellos sustituyeron con satisfacciones emocionales, hablando de prosperidad de un modo retórico y de cambios simbólicos y aceptando invitaciones privilegiadas a fiestas privadas con los presidentes de 'centro-izquierda”. Hicieron un análisis sobre lo difícil de sustanciar la política de cambios estructurales. El desenmarañar ilusiones de la realidad es el primer paso para entender el derrumbe existente que afecta a la región y las consecuencias desastrosas para la gran mayoría de asalariados, de trabajadores informales y campesinos.




' La nueva Latinoamérica de izquierdas' (Según Sus Publicistas)

Pese a las amplias y -en algunos casos-, profundas diferencias de la estructura social, los niveles de desarrollo económico y la enorme riqueza entre los gobiernos de “centro-izquierda” de la América Latina, sus publicistas -defensores y adversarios-; dijeron que estaban rompiendo con el neoliberalismo y perseguían un modelo socioeconómico infinitamente diferente, una ruptura con el pasado, una estrategia heterodoxa económica que combina 'el mercado y el estado' en la búsqueda de los que algunos llamaron 'el Socialismo del Siglo veintiuno'.


Esta línea argumental definió 'la novedad' de la ‘nueva centro-izquierda, pudiéndose identificar doce áreas 'de transformación' o cambio. El nuevo ideólogo de “centro izquierda” argumentó que, en contraste con los regímenes anteriores neo-liberales (NLR), los regímenes de ‘centro izquierda” (CLR):


1. Adoptan un nuevo el modelo socialmente más sensible en lo económico para conseguir 'la inclusión de las masas', la diversidad cultural y la justicia social;


2. Terminan con 'el neoliberalismo de libre mercado', que será sustituido por un ‘modelo de mercado estatal';


3. Comienzan un proceso de 'transformación social' (Argentina), 'una revolución democrática y cultural' (Bolivia), 'el socialismo del siglo veintiuno' (Ecuador), y un proceso de alto crecimiento a largo plazo basado en la responsabilidad fiscal y la justicia social (Brasil);


4. Terminan con la discriminación y explotación de los indígenas (Brasil y Ecuador), y se reconocen los derechos de las comunidades indias (Bolivia);


5. Se sustituye la dependencia con los mercados Occidentales y la dominación del Wall Street mediante la búsqueda de la integración regional;


6. Se desarrollan organizaciones regionales políticas y económicas como ALBA, UNASUR Y PETROCARIBE, que marcan la construcción de una nueva arquitectura económica independiente alternativa y regional.


7. Se promueve una nueva clase de democracia participativa en la cual las clases populares tienen una voz más fuerte y directa en las políticas de gobierno;


8. Se buscan mercados diversificados -sobre todo con Asia (China en particular), Europa y el Oriente Medio-; que se basan en una mayor independencia económica y permiten liberarse de la economía de los EEUU. Es el final 'de la hegemonía' estadounidense;


9. Acumulando una gran cantidad de divisas (decenas de miles de millones) basándose en la promoción de una estrategia agro-mineral de exportación, creando así un seguro a largo plazo contra futuros movimientos a la baja en los precios y en la demanda de materias primas de exportación;


10. Amasando grandes excedentes presupuestarios mediante disciplina fiscal y evitando grandes gastos “populistas” y programas de infraestructura;


11. Favoreciendo una política de mayor oportunidad e igualdad social, con reducciones fiscales, políticas de crédito fácil, aumento de consumo y aumento del gasto de programas alimentarios para jubilados, niños y los pobres;


12. Formando alianzas público-privadas entre el Estado y las multinacionales extranjeras, sustituyendo la dominación extranjera por la de socios iguales, y aumentando los beneficios para el país de origen.


Final de una Ilusión: 2008 el Año de hacer cuentas

El éxito reclamado por los gobiernos de centro-izquierda y sus apologistas estaba basado en un juego completamente falso de hipótesis temporales y volátiles de las relaciones estructurales con respeto al comercio, las inversiones y los vínculos financieros. Cuando al inicio del derrumbe financiero y la recesión económica golpeó primero EEUU y Europa, la primera respuesta de los gobiernos de centro-izquierda fue negar que la crisis afectara sus economías. Por ejemplo, el Presidente Lula da Silva de Brasil, al principio, culpó al “capitalismo de casino' de EE.UU y defendió que la economía brasileña era sana, protegida por grandes reservas y apenas sería afectada.


Por otra parte, algunos analistas buscaron algunas organizaciones regionales de reciente creación, como Bancosur y ALBA, como fuentes alternativas para la salvación o como mecanismos para mejorar los efectos de la crisis. Ni los gobiernos de centro-izquierda ni sus defensores intelectuales han demostrado tener buena voluntad para enfrentar las debilidades estructurales y las vulnerabilidades de sus estrategias socioeconómicas durante la mitad de la década pasada. Más expresamente; los gobiernos de centro-izquierda y sus defensores rechazaron admitir que las reclamaciones 'de cambio', y la construcción de Socialismo del siglo XXI, de hecho, fue construido sobre suposiciones ilusorias.


La extensión de la crisis de los EEUU-EUROPA a América Latina es un resultado del continuismo de la política neo-liberal de los gobiernos de centro-izquierda, esto es, el mantenimiento económico de las mismas clases dirigentes; y la dependencia –como razón de ser- de estrategias económicas basadas en las entradas de capital especulativo, la financiación de deuda y el apoyo a las élites de la economía de agro-minerales de exportación. A pesar de la retórica de 'Socialismo del siglo XXI' (Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua), ' modelo independiente ' (Lula Da Silva en Brasil), y el modelo 'social liberal' (Bachelet en Chile y Vázquez en Uruguay), los regímenes antedichos conservaron y aún profundizaron los rasgos principales de las estructuras políticas del modelo neo-liberal.


Ellos permanecieron sumamente dependientes del mercado mundial: de hecho, todos ellos acentuaron sus peores características, acentuando exportaciones de bienes primarios (agro-extracción de materias primas) para aprovechar el buen momento temporal de los precios. Por consiguiente aumentaron infinitamente su vulnerabilidad a los choques externos.


Con el inicio de la recesión mundial en 2008, el derrumbe de la demanda acabó con los grandes excedentes comerciales y provocó una gran dispersión en todos los factores relacionados con lo económico: Reservas extranjeras cayeron a plomo. Los ingresos del gobierno basados en impuestos de exportación disminuyeron precipitadamente. La moneda local fue devaluada los inversores extranjeros y también los locales acudieron a lo que ellos percibieron como divisas más fuertes y zonas más seguras.


Todos los gobiernos de centro-izquierda basaron sus estrategias de desarrollo sobre una alianza estratégica entre la clase nacionalista capitalista, los inversores estatales y extranjeros, contrariamente a las imagenes populistas nacionalistas que transmitieron los intelectuales Occidentales. En el inicio mismo del derrumbe financiero, el capital extranjero comenzó su vuelo masivo hacia afuera y hacia arriba, reduciendo los mercados bursátiles en Brasil y Argentina en más del 50 % y forzando de facto la devaluación de ahorros y la conversión de ahorros en moneda local en dólares, euros y yenes. Con el inicio de la recesión en las economías reales de la Unión Europea y EEUU; los capitalistas nacionales y las élites financieras respondieron reduciendo la inversión en los sectores productivos, al prever una disminución aguda en la demanda de sus exportaciones primarias en materias primas. Esto provocó un efecto multiplicador en la fabricación manufacturera y en las industrias de servicio.


La doble exposición a choques financieros y la recesión mundial era un resultado directo de la política unilateral de exportación de mercado perseguida por los gobiernos de centro-izquierda. Sus líderes pagaron la palabrería de 'la integración regional' (ALBA, MERCOSUR, UNASUR), aún estableciendo una gran estructura administrativa y al principio invirtiendo recursos marginales en el esfuerzo.


La retórica regional fue eclipsada por la constante y creciente 'integración' en el mercado mundial, que sigue siendo el motor de su crecimiento. Dado el boom de los productos primarios, los gobiernos aprovecharon al máximo la importancia de los mercados fuera de la región latinoamericana. Con el descenso, incluso la integración regional (MERCOSUR) enfrenta la desintegración como es el caso de Argentina que se vuelve proteccionista.


Los excedentes del presupuesto fueron usados para profundizar la expansión del sector primario (ampliándose la infraestructura del transporte desde los sitios productivos al embarque, del centro a la costa), aumentando la riqueza de las élites agro-minerales, y animando la llegada de una enorme afluencia de inversores especulativos que inflaron valores de reserva (duplicaron y hasta triplicaron los precios en el curso de apenas dos o tres años: Las proporciones de los ingresos alcanzó dimensiones de una gran burbuja.


El modelo reaccionario/retrógrado de los gobiernos de centro-izquierda que incluía la 'primarizacion' de la economía al auge en la inversión especulativa, fue ignorada por casi todos los intelectuales occidentales que fueron deslumbrados y decidieron enfocar su análisis a medidas marginales 'populistas': como los 30 dólares de Lula para la cesta mensual de alimentos para 10 millones de familias pobres (que sirvió para crear una máquina de clientelismo electoral en el Noreste); la promoción de Kirchner con los derechos humanos y los 150 pesos (USD de 50 dólares) como paro mensual; Evo Morales, con su indigenismo cultural y sus 'empresas conjuntas' con las empresas internacionales del aceite y de gas ('nacionalización' falsamente realizada en ambos casos); y las declaraciones de Rafael Correa a favor de socialismo del siglo XXI y el aumento de gastos sociales.


Los ideólogos del centro-izquierda fallaron en analizar el hecho de que estos aumentos de gastos sociales ocurrían dentro de un marco socioeconómico y político, que conservaba todos los rasgos estructurales de una economía neo-liberal. Con el derrumbe de los precios de las materias primas de ultramar, las primeras reducciones de programas de gobierno son dirigidas precisamente contra los programas de pobreza. El espectro de ideólogos que apoyaba estas medidas no hizo caso del hecho que la balanza de pagos y los excedentes presupuestarios, que financiaron reformas sociales, dependían de la entrada 'de dinero caliente'.


Este tipo de dinero, por su naturaleza, entra fácilmente y escapa rápidamente, en particular en respuesta a cualquier adversidad en su 'mercado nacional', y no digamos ante un choque mundial financiero. Así las medidas sociales adoptadas por los gobiernos de centro-izquierda para los pobres eran frágiles ya al empezar, y sumamente dependientes del comportamiento volátil de capital especulativo en los mercados mundiales.


El reclamo de los gobiernos de centro-izquierda para que América Latina se desenganche del mercado de los EEUU, para aumentar los lazos con Asia (China, Corea, Japón y India) y se desarrolle como una potencia mundial (como la parte del bloque BRIC - Brasil, Rusia, India y China), ha demostrado ser falso. El agro-mineral de Brasil que exporta a Asia se vio que era sumamente dependiente de los precios mundiales determinados por la demanda de EE.UU y Unión Europea, así como las producciones similares de otras muchas regiones y países.


La recesión profunda mundial y el derrumbe del crédito han afectado a las exportaciones de Asia a EU y Unión Europea, que, en su momento, condujeron a una disminución de las exportaciones primarias de América Latina a Asia. Ninguno de los países asiáticos puede mantener sus importaciones en materias primas de América Latina porque ellos no son capaces de aumentar la demanda local. Las polaridades de clase y la limitación en el consumo de masas está en el límite en China. América Latina no reparó que era la parte de una cadena global, que la ató a los caprichos de las economías de la Unión Europea y EE.UU.


Las tentativas por el Presidente Lula de Brasil para culpar de la crisis de Brasil a EE.UU y su 'capitalismo de casino ' fue realizada para desviar la crítica de su política de dependencia profunda y estructural de exportaciones primarias en materias primas y dinero caliente. La política del gobierno brasileño abrió la puerta a la llegada de capital especulativo estadounidense.


Ningún gobierno del centro-izquierda se desvió del neo-liberalismo en el ‘modelo de exportación' tampoco ellos hicieron esfuerzos para dinamizar el mercado interior o el consumo de masas vía la política redistributiva. La industrialización fue subordinada a exportaciones de materias primas. El balance entre capital y trabajo ha primado a los beneficios sobre los salarios. Los intereses y los royalties se han mantenido claramente sesgados en favor del capital, debilitando así la demanda interna. El apoyo a la élite agro-exportadora y el abandono de la reforma agraria han minado el poder adquisitivo de millones de campesinos sin tierra, trabajadores rurales y pequeños agricultores. Los subsidios fiscales y los incentivos, en lugar de una fiscalidad progresiva, han eliminado la posibilidad de reconstruir servicios sociales (programas de salud, educación, pensiones y seguridad social), los cuales podrían haber expandido la producción local y la inversión. Los gobiernos de centro-izquierda no han invertido en un tejido productivo que enlazara regiones internas complementarias y sectores económicos. Las inversiones de los gobiernos de centro-izquierda han ligado los centros productivos locales a los puertos conectados con los mercados de ultramar.


Las estrategias de los gobiernos de centro-izquierda han debilitado a sus mercados internos como consecuencia de la enorme presión en favor de las exportaciones, eludiendo, por tanto, los cambios estructurales. Este énfasis sobre las prestaciones sociales se hizo depender del comportamiento del sector exportador agro-mineral de la gran burguesía. Incluso sus 'transferencias sociales' han demostrado ser insostenibles. Salvo por los programas de mitigación de la pobreza, poco hay que distinga a los gobiernos de centro-izquierda de sus predecesores neo-liberales tradicionales.


Durante el boom de los precios de las materias primas, varios gobiernos de centro-izquierda, en especial los de Brasil y Argentina, desviaron miles de millones de dólares para los pagos de sus deudas con el FMI y otros prestamistas oficiales, asegurando que esto les 'liberaba' para poder seguir 'políticas independientes'. De hecho, el FMI se encontraba muy satisfecho de recapitalizar su tesorería, en tanto que los niveles de pobreza seguían en niveles alarmantes y las necesidades públicas como la vivienda, el transporte los colegios y los hospitales continuaban su deterioro. En tanto que algunos aspectos de la deuda externa declinaban, otros, fundamentalmente deuda privada extranjera en dólares y euros, se disparaban, favorecidos por los gobiernos de centro-izquierda. Dados los elevados tipos de interés nacionales, el préstamo extranjero a los negocios locales se elevó espectacularmente y los especuladores y prestamistas extranjeros y los subsidiarios de ultramar de los bancos de EEUU y de la UE relajaron las condiciones de sus préstamos. Con el crash financiero en EEUU y la UE, los flujos de capital extranjero se agotaron y hubo que recurrir a los pagarés de corto plazo. Los flujos de entrada del exterior acabaron convirtiéndose en masivos flujos de salida, provocando así un descenso del valor de la moneda. Las bolsas de Brasil y Argentina cayeron más del 50% en menos de 5 meses (de Junio a Octubre de 2008) y el estrangulamiento del crédito comenzó a restringir la inversión.


El derrumbe de los precios de las materias primas afectó enormemente a los ingresos de los estados, con disminuciones cercanas al 60% en el precio del cobre (desde los 9.000 dólares la tonelada a 3.900) y una caída del precio del petróleo desde los 147 dólares el barril a los 64, ambos entre Junio y Octubre de 2008. Lo que es aún peor, la disminución de la deuda externa de los gobiernos de centro-izquierda venía asociada a un enorme incremento de la deuda interna, correspondiente a préstamos de subsidiarios locales de bancos extranjeros y de grupos financieros nacionales. Estos últimos prestaron a sus gobiernos tomando a su vez prestado de bancos de ultramar, así que la cadena crédito/financiación completa continuaba dependiendo de instituciones financieras privadas de EEUU y Europa. Más que reflejar una ruptura con la dependencia financiera de los pasados regímenes neo-liberales, los gobiernos de centro-izquierda la reproducían a través de intermediarios locales.


Combinada con el colapso de los precios de las materias primas, la crisis financiera revelaba la abyecta integración y subordinación de los gobiernos de centro-izquierda al mercado centrado en el imperio. La caída sostenida de las bolsas y la masiva fuga de las monedas locales a dólares revelaban la absoluta precariedad y la naturaleza profundamente ‘liberal’ de las políticas económicas de los gobiernos de centro-izquierda.


Estos gobiernos de centro-izquierda desviaban la mayor parte de sus inesperados beneficios al incremento de sus reservas extranjeras para atraer el préstamo, el crédito y los inversores extranjeros y para amortiguar los efectos de un revés en la economía, en lugar de hacer inversiones a gran escala en recursos humanos y en el mercado local. Como consecuencia, las reservas de divisas sirvieron de salvavidas temporal frente al declive de los ingresos por exportaciones. A pesar de ello, los gobiernos están usando sus reservas extranjeras para mantener a flote la banca privada y para tranquilizar a los inversores presos del pánico que buscan convertir su moneda local en dólares o euros. A medida que las reservas van disminuyendo, los gobiernos de centro-izquierda van recurriendo a reaccionarias políticas fiscales que priman a las clases acomodadas. Una vez más, el impacto negativo del pánico financiero revela otra componente negativa (‘liberal’) de la estrategia de estos gobiernos: su dependencia de un mercado de valores desrregulado altamente susceptible a los reveses en la demanda y los precios de las materias primas.


Las políticas económicas de los gobiernos de centro-izquierda y los principales actores económicos privados se encontraban absolutamente enmarañados en el mundo de la especulación, tal como habría sucedido en un régimen neo-liberal. La ausencia total de supervisión de las políticas de los gobiernos por parte de los movimientos populares era el resultado de su total exclusión de todos los puestos clave en la toma de decisiones económicas (banco central, ministerios de economía, de finanzas, de comercio, de industria, de agricultura o de minas). Las proclamas de democracia participativa habían revelado ser una pura farsa. Aún más, estos gobiernos (con la excepción parcial de Venezuela) aseguraron la ‘autonomía’ a los bancos centrales, eliminando la supervisión de los parlamentos y facilitando unas relaciones más estrechas entre los bancos centrales y la élite financiera privada.




Conclusión


A medida que el sistema financiero capitalista se desmorona por todo el mundo y una recesión global se extiende desde lo países del imperio hacia América Latina, los regímenes de centro-izquierda no son inmunes al doble impacto.


Debido a que optaron por un modelo de exportación de materias primas están especialmente expuestos y son vulnerables a una rápida caída en la demanda mundial y en los precios. Aún cuando es cierto que las políticas fiscales conservadoras les permitieron elevar sus reservas extranjeras, dotándoles así de un colchón parcial y temporal para capear la primera oleada de huída del capital y para financiar la deuda denominada en dólares, debería recordarse que la otra cara de las ‘políticas fiscales prudentes’ era el desprecio por los problemas sociales y por la diversificación económica. La reducción de la pobreza a través de la inversión en empleo productivo, la reforma agraria para los campesinos sin tierra y el desarrollo del mercado interno, a medio plazo, podían haber reducido el impacto de la crisis del Norte.


Los intentos de Lula, Evo Morales y otros líderes políticos de endosar la entera responsabilidad de la crisis a los países imperiales se quedaron vacíos tras varios años de compadreos con la élite económica de Davos y de centrarse exclusivamente en acuerdos de comercio e inversión con el MNC, en el ‘dinero caliente’ de Wall Street y en apostar por las exportaciones agro-minerales. La extensión de la crisis a América Latina desde principios del 2008 se está haciendo realidad gradualmente. El elevado nivel de las reservas, la reaparición temporal de liquidez parcial y la disminución de crédito en los mercados mundiales, solo moderada como resultado de una inyección de fondos públicos de más de 1.5 billones de dólares por EEUU y la UE, solo han retardado la caída en un recesión inevitable. Pero lo verdaderamente relevante no es la posición que ocupan los gobiernos de centro-izquierda latinoamericanos en un momento dado, sino la dirección en la que se mueven y su inherente carácter estructural negativo, que están arrastrando las economías a una profunda recesión. A medida que las reservas encogen y las élites agro-minerales desinvierten a la vista de los precios decrecientes, aparece un serio efecto multiplicador negativo, desmantelando las industrias satélite y llevando a los sectores dependientes a la bancarrota. Igual de importante, la recesión económica conduce a profundos y extensos recortes en los gastos del estado. Dado el conservadurismo fiscal arraigado en los ministerios económicos clave y en los bancos centrales, es altamente improbable que los gobiernos de centro-izquierda puedan invertir el rumbo y corregir los déficit fiscales, aumentar las inversiones públicas a largo plazo y gran escala, reestructurar sus economías y reconfigurar la base social de las políticas públicas.


Hacia finales del 2009, los gobiernos latinoamericanos de centro-izquierda sentirán los efectos de la recesión económica mundial en toda su magnitud, precisamente cuando sus disminuidas reservas de divisas hayan desanimado aún más a la inversión extranjera y del capital local. Incapaz ya la élite agro-mineral de confiar en su principal ‘fuerza motriz económica’ para financiar las importaciones y ante la escasez de inversión extranjera y de créditos para sus exportadores y sus bancos, los gobiernos latinoamericanos de centro-izquierda se van a ver confrontados con poderosas presiones desde abajo. Trabajadores y empleados que pierden su puesto de trabajo, bancos locales al borde de la bancarrota, empresarios que cierran sus fábricas y consumidores endeudados y titulares de hipotecas con escasos recursos para sostener la demanda y el nivel de vida se echarán a la calle exigiendo la intervención del estado; desde la derecha y desde la izquierda.


Frente al colapso del ‘modelo heterodoxo’ de la ‘primarización’ neo-liberal de la economía con ‘transferencias sociales modestas’, caben dos opciones para los gobiernos de centro-izquierda: una implicaría rescates a gran escala para salvar a las élites financiero-agro-minerales dominantes. El régimen podría hacer caer sus costes sobre las espaldas de los trabajadores, indigentes, campesinos y empleados públicos a base de recortes sociales, despidos de empleados públicos, reducciones salariales y disminuciones masivas en la inversión pública. La segunda opción implicaría una vuelta a la estrategia de la sustitución de las importaciones, junto con la nacionalización de los bancos en quiebra y de los sectores económicos estratégicos y de un cambio radical en la política estatal que financiaba a los agro-exportadores en quiebra para financiar a las cooperativas.


La primera opción requeriría, necesariamente, mayores niveles de represión, en vista de la resistencia social a los recortes en el nivel de vida y probablemente conduciría al descalabro de los regímenes de centro-izquierda. La derecha más reaccionaria está lista para hacerse con el poder y enfrentarse a los florecientes movimientos sociales que reaccionan ante las crisis.


La segunda opción requeriría una importante modificación de la composición de clase de los regímenes de los gobiernos de centro-izquierda, una ruptura con los aliados políticos existentes y una movilización social de las ‘clases populares’ a gran escala.


La segunda opción descansaría sobre una frágil coalición de grupos de negocios locales, empresarios de manufacturas, deudores, sindicatos, partidos de izquierda y movimientos campesinos, -la emergencia de una coalición ‘nacionalista-populista’ dispuesta a soltar el lastre del modelo de exportaciones agro-minerales, refugiarse de las obligaciones de la deuda extranjera e intentar la recuperación económica financiada con déficit.


Sin embargo, bajo la presión de un prolongado estrangulamiento del crédito mundial y de la recesión, las conexiones entre capital grande y pequeño y trabajadores, granjeros y campesinos de subsistencia, pueden disolverse y llevar a demandas que desbordan el capitalismo ‘keynesiano’ para llegar a la socialización de la economía. La última opción se verá favorecida por el carácter prolongado de la recesión mundial y que continúa haciéndose más y más profunda, por la posterior caída del comercio exterior, el agostamiento del crédito privado, el declive del nivel de vida y el profundo y extenso descrédito del capitalismo, claramente asociado en la mentalidad popular con los excesos especulativos, el colapso financiero, la pérdida de los ahorros y la quiebra de empresas privadas.


Una última reserva: aunque la recesión mundial y el colapso financiero revelan que los regímenes de centro-izquierda ni eran populares, ni nacionalistas ni suponían una ruptura con el neo-liberalismo, esto no significa un pronto retorno de la izquierda – por la simple razón de que los gobiernos de centro-izquierda han socavado muy severamente la capacidad para las movilizaciones de clase independientes. El renovado ‘estatismo’ de las variantes de izquierda o derecha y las políticas obligatorias de sustitución de importaciones pueden moderar temporalmente los peores impactos de la crisis mundial. Sin embargo, el fracaso del keynesianismo podría devenir en regímenes de restauración fascista represiva o a soluciones radical/socialista. En esta crisis, todas las opciones están abiertas, dada la fragmentación causada por los regímenes de centro-izquierda y lo traumático de la profundidad de la crisis. Los resultados político económicos del futuro no están gobernados por noción especulativa alguna de ‘grandes ondas históricas’. Los resultados políticos están condicionados por la lucha de clases y la lucha por el poder del estado. El hoy impredecible resultado de la lucha social es el resultado de la falta de preparación de cualquier movimiento de izquierda social para hacerse con el liderazgo tras la catástrofe del colapso del capitalismo mundial.


[1] A finales del 2008, los regímenes de derechas (mercado libre/neo-liberales) incluirían al Calderón de Méjico, a Uribe en Colombia, Alan García en Perú, Tabaré Vázquez en Uruguay, Bachelet en Chile, Fernández en la República Dominicana, así como a los gobiernos de Panamá, el Salvador y Guatemala.

[2] Los regímenes de ‘centro-izquierda’ en América Latina incluyen a Lula da Silva en Brasil, Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua. Venezuela, a causa de sus políticas de nacionalización selectiva y mayores gastos sociales es considerada más genuinamente un régimen izquierdista. Sin embargo, por la dependencia sostenida de sus exportaciones de materias primas (petróleo) al mercado de los EEUU y por la ausencia de una economía diversificada, afronta en buena medida una crisis económica semejante.


[3] Mientras que la deuda pública extranjera puede en algunos casos haberse visto reducida, la deuda pública interna ha crecido exponencialmente y la financiación de la deuda corporativa privada a base de capital extranjero ha explosionado. Con el colapso de los mercados de los EEUU y de la UE y la extinción del crédito, el crecimiento de América Latina se ha paralizado y el sector corporativo ha entrado en crisis.


Traducción del inglés:

“Mano” (el idioma, la parte dura) y “Fouce” (retoque temático y de estilo)

http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=15271


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