sábado, 29 de noviembre de 2008

Horror cinco estrellas en Bombay 155 muertos 327 heridos 29-11-08




LOS TURISTAS SE ESCONDEN EN SUS HABITACIONES PARA NO SER EJECUTADOS

Horror cinco estrellas en Bombay

Un total de 155 personas murieron y otras 327 resultaron heridas en los ataques de militantes islamistas en Bombay desde el miércoles. Los testigos narraron escenas dantescas en medio del lujo de los hoteles asaltados.
El ejército custodia el frente del hotel Taj Mahal de Bombay por tercer día consecutivo.
Imagen: AFP

Cuerpos despedazados, un palacio transformado en hoguera, clientes escondidos en sus habitaciones, aterrados por la idea de ser ejecutados o tomados como rehenes: los testigos narraban ayer las escenas de horror vividas en los ataques en dos hoteles de Bombay. Todo comenzó el miércoles cuando islamistas armados atacaron el hotel Taj Mahal, el Oberoi-Trident, un hospital, la estación ferroviaria de Bombay y otros lugares de la capital financiera de India.

“En la recepción del magnífico hotel Taj parecía como si hubiera niebla, con todo ese humo. Había sangre por todo el suelo y trozos de cuerpos”, contó a la radio australiana Paul Guest, un juez retirado que tuvo la fortuna de ser rescatado de su habitación del hotel. El juez australiano y los otros huéspedes que quedaron atrapados en el Taj Mahal y en el Oberoi-Trident pasaron una noche de terror, intentando estar lo más silenciosos y discretos posible para no atraer la atención de los asaltantes. Imposible, en todo caso, tratar de huir de sus habitaciones, dados los tiroteos y explosiones que oían a su alrededor.

“Esperamos durante horas a que el ejército viniese y nos dijese que podíamos bajar”, declaró un occidental atrapado en una habitación del Oberoi-Trident. “Teníamos que estar en silencio. Los terroristas podían estar buscando rehenes”, explicó. Otros testigos probaron en carne propia el sabor de las balas de los islamistas. Ese fue el caso de David Coker, de 23 años, y de su novia, Katie Anstee, que acababan de llegar al café Leopold cuando empezó el ataque. “Acabábamos de pedir nuestras bebidas cuando oímos algo que parecían petardos y la gente empezó a gritar”, contó Coker. Los jóvenes estaban en India celebrando su reciente licenciatura universitaria. Anstee fue alcanzada por un disparo que le fracturó el fémur y otra bala también rozó a Coker, aunque sin causarle heridas.

“Me volví y vi que ella estaba arrastrándose hacia la puerta porque no podía caminar”, contó el joven.

Por su parte, Muneer al Mahaj, un iraquí oriundo de Basora, sólo logró salir del Oberoi-Trident un día y medio después del comienzo del ataque islamista y posterior asalto por parte de las fuerzas de seguridad indias para liberarlo. “No puedo creer lo que vi en estas últimas 36 horas. Vi cadáveres y sangre por todas partes”, dijo.

Un total de 155 personas murieron y otras 327 resultaron heridas en los ataques de militantes islamistas en Bombay desde el miércoles. Por su lado, el ministro del Interior, Sri Prakash Jaiswal, admitió que el número de muertos podría elevarse a 200.

Fuerzas de elite de la India retomaron ayer el control del hotel Trident de Bombay después de matar a los dos últimos atacantes que se resistían dentro del hotel. “El hotel está bajo nuestro control”, dijo J.K. Dutt, director general de la Guardia de Seguridad Nacional, quien agregó que 24 cadáveres fueron hallados dentro del hotel Trident. Decenas de huéspedes y rehenes fueron evacuados del hotel algunas horas antes. Entre los liberados había estadounidenses, británicos, japoneses e indios. Un hombre vestido de chef llevaba un bebé en brazos. También fueron liberados 20 tripulantes de aerolíneas, incluyendo personal de Lufthansa y Air France.

Más temprano, los comandos descendieron por sogas desde helicópteros sobre la sede de Bombay de la organización judía ultraortodoxa Jabad Lubavitch, uno de los diez sitios atacados el miércoles por la noche de manera coordinada por hombres armados que se identificaron como milicianos islamistas. El rabino Gavriel Noach Holtzberg y su mujer Rivka estaban entre los cinco rehenes que se encontraron muertos dentro de los restos del centro judío. Su hijo de dos años Moshe logró escapar con la cocinera del centro. El niño está ahora con sus abuelos.

Mientras tanto, las fuerzas de elite indias proseguían a primera hora de la jornada del sábado con sus operaciones en el hotel Taj Mahal, donde seguían atrincherados uno o dos islamistas fuertemente armados, anunciaron responsables de la seguridad. El jefe de la Guardia Nacional de Seguridad, J. K. Dutt, señaló que esas operaciones podrían terminar pronto. Disparos y explosiones esporádicas se seguían oyendo procedentes del Taj Mahal, más de 48 horas después de los ataques terroristas.

Luego de la liberación de 400 huéspedes y rehenes, las autoridades dijeron tener bajo control el hotel Taj Mahal. Pero ayer por la mañana la policía dijo que todavía había tres atacantes con unos 15 civiles dentro del edificio. Algunas horas después, al menos un militante seguía dentro del hotel. El primer ministro indio, Manmohan Singh, dijo ayer que los ataques provenían del exterior.

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NUEVA DELHI PRESIONA A LOS ALIADOS DE EE.UU.

Alivio para Al Qaida y el talibán

Desde Madrid *

La tensión por los ataque de Bombay hace más difícil para Islamabad reorientar su esfuerzo militar contra Al Qaida. Los atentados de Bombay representan un tremendo movimiento telúrico que no sólo vuelve a ensanchar la falla estratégica que separa India y Pakistán, sino que también complica el plan estadounidense de reorientar el esfuerzo militar y de inteligencia paquistaní, desde siempre apuntado en dirección Nueva Delhi, hacia las zonas tribales del noroeste del país, en las que proliferan bases operativas de grupos talibán que desestabilizan Afganistán.

Ayer, mientras en Bombay se dispersaba el humo del impresionante ataque islamista, la pista paquistaní cobraba fuerza. El jueves, el primer ministro indio, Manmohan Singh, lanzó la primera, velada acusación, al afirmar que los terroristas de Bombay tenían “bases en el extranjero”. Ayer, el ministro de Exteriores, Pranab Mukherjee, no se anduvo con rodeos: “Las primeras pruebas apuntan a que elementos vinculados con Pakistán están involucrados en el ataque”. Uno de los terroristas detenidos resultó ser ciudadano paquistaní.

“Pakistán no tiene nada a que ver con esto”, contestó el primer ministro paquistaní, Yusaf Raza Gilani. “Actores no-estatales quieren imponer su agenda a nuestros gobiernos”, le había dicho el día anterior el presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, al primer ministro indio, en una conversación telefónica. ¿Cuáles actores?

Los ojos de los analistas se centran en el poderoso servicio de inteligencia paquistaní, el ISI. En el pasado, India ha reiteradamente acusado al ISI de formar y ofrecer apoyo logístico a grupos terroristas muy activos en su territorio, como el Laskar-e-Taiba. Junto con amplios sectores de las fuerzas militares, el ISI constituye un centro de poder de facto alternativo al recién nacido gobierno civil de Zardari.

Zardari necesita desesperadamente una estabilización del escenario para sacar el país de la asfixia económica en la que está hundido. Necesita complacer en cierta medida a Occidente para acceder a la ayuda financiera imprescindible para esa recuperación.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.
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EL “11-S INDIO” SACUDIO LA FRAGIL TREGUA CON ISLAMABAD

Con Pakistán en la mira

Mientras los medios indios se indignaban con los terroristas y el canciller de ese país acusaba a Pakistán, del otro lado de la frontera caliente los diarios paquistaníes criticaban a las fuerzas de seguridad indias.

Los medios indios se esforzaban ayer por encontrar palabras para describir la serie de ataques terroristas de Bombay. Un presentador del canal NDTV habló de “una historia singular de terror”. Por su parte, el Indian Express escribió en alusión a los ataques contra Nueva York y Washington del 11 de septiembre de 2001: “El mundo lo conocerá como el 11-S indio”. Esta frase refleja los sentimientos de muchos indios, que no pueden creer que los terroristas hayan tenido como rehén a su capital comercial durante dos días.
Y el gobierno de Nueva Delhi reaccionó con reflejos antiguos y peligrosos: lanzando graves acusaciones contra su vecino Pakistán. El ministro del Exterior indio, Pranab Mukherjee, responsabilizó a “elementos de Pakistán” de los ataques, que dejaron más de 160 muertos. Los medios paquistaníes se quejaron de la caída de India en el habitual juego de acusaciones. En anteriores ataques la India se contuvo más, sobre todo porque entre ambas potencias atómicas hay desde hace cinco años un lento proceso de acercamiento que Nueva Delhi no quiere poner en peligro. Pero parece que los atentados de Bombay colmaron su paciencia.
El diario paquistaní The News criticó el hecho de que las fuerzas de seguridad indias, que no pudieron prevenir los ataques, se sientan impulsadas “a echarle la culpa a otro”. Sin embargo, el periódico también reconoció que “la terrible realidad de nuestros tiempos es que Pakistán se ha convertido en un centro mundial del terrorismo”.
Medios indios apuntan en dirección al grupo terrorista musulmán Lashkar-e-Toiba. Un atacante detenido confesó al parecer que la mayoría de los aproximadamente 40 atacantes eran paquistaníes. Se cree que llegaron a Bombay en un barco desde el puerto paquistaní de Karachi. Lashkar-e-Toiba es conocido en India, donde el “Ejército de los Puros” es responsabilizado de muchos ataques. La inteligencia india no sólo está convencida de que opera desde territorio del país vecino, sino que además el grupo tiene –o tuvo– vínculos con el servicio secreto de Pakistán, el ISI.
Por eso el pedido indio de ayer al gobierno de Islamabad para que el jefe del ISI, Ahmed Shuya Pasha, “intercambie informaciones y pruebas” con Nueva Delhi no fue una solicitud amable, sino crispada.
El nervioso gobierno de Pakistán debe haberse sentido presionado al más alto nivel. Una negativa no habría encajado con la afirmación de que se ayudará a India en todo lo que necesite. Islamabad hizo lugar al deseo de su vecino, pero el primer ministro Yousaf Raza Gilani se sintió obligado a justificar el paso sin precedentes. Para muchos paquistaníes la exigencia india fue como si el antiguo archienemigo citara a comparecer judicialmente al poco popular jefe de los servicios secretos.
“Sabemos que Pakistán no está implicado, pero ellos (India) quieren sólo colaboración, colaboración en el área de inteligencia”, dijo Gilani. “Si no estamos implicados, ¿por qué deberíamos sentirnos culpables?”
Mukherjee cree, por el contrario, que hay motivos para ese sentimiento de culpa. En una conversación telefónica con su homólogo paquistaní, Shah Mahmood Qureshi, le dijo que ataques como los de Bombay o como el que hubo contra la embajada india en Kabul en julio buscan hacer “imposible” la mejora de las relaciones bilaterales que quiere Islamabad. “Esperamos que Pakistán se atenga a su compromiso tan proclamado de no permitir que su territorio sea usado para ataques terroristas contra India”.

Nueva Delhi acusó al ISI del atentado en Kabul, por lo que es probable que Pasha no tenga una buena bienvenida en la India. Que el sentimiento es mutuo quedó claro en una visita hace unos días de periodistas extranjeros a la central del ISI en Islamabad: los agentes acusaron a India de apoyar a los talibán en el noroeste de Pakistán y a los nacionalistas en la provincia de Baluchistán. Sea quien fuere el organizador de los atentados de Bombay, ha vuelto a llevar a “foja cero” las relaciones entre la India y Pakistán, tras una fase de cierto deshielo.

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SIGUE LA CRISIS EN TAILANDIA

No se van del aeropuerto

Los manifestantes (foto) que ocupan los dos aeropuertos de Bangkok, la capital, amenazaron ayer con una revuelta popular si los cuerpos de seguridad cargan por orden del gobierno de Tailandia, que se ha atrincherado en el norte del país e intenta negociar un desalojo pacífico. Uno de los líderes de la antigubernamental Alianza del Pueblo para la Democracia, Chamlong Srimuang, advirtió que la gente se levantará contra el Ejecutivo y “nadie podrá controlar a las masas enfurecidas” en el caso de que se produzca una acción de fuerza por parte de la policía o los soldados, o se detenga a los cabecillas de las protestas.
Srimuang, ex gobernador de Bangkok y general del ejército en la reserva, hizo esa advertencia un día después de que el primer ministro, Somchai Wongsawat, declarara el estado de excepción en los aeropuertos de Suvarnabhumi y Don Muang, y diera instrucciones a la policía de llevar a cabo el desalojo de los manifestantes con el apoyo de efectivos de la fuerza aérea y la armada. Wongsawat instaló, de forma indefinida, su centro de gobierno en la ciudad de Chiang Mai, al norte del país.
A primeras horas de la mañana, la policía comenzó a negociar con los cabecillas de la Alianza en un intento de evitar el empleo de la fuerza para desalojar a los manifestantes de los dos aeropuertos que controlan desde hace dos días. “Les estamos pidiendo que permitan al aeropuerto reanudar sus operaciones. Seguimos hablando, pero si esto falla los dispersaremos”, declaró el jefe negociador de la policía, Suchart Muenkaew. Las advertencias de la policía no parece que vayan a doblegar a los congregados, que según Suriyasai Katasila, uno de los principales cabecillas, “lucharán hasta la muerte” antes de abandonar las terminales de los dos aeropuertos.
Los partidarios de la Alianza han establecido controles en las carreteras de acceso a los aeropuertos ocupados, en los que jóvenes enmascarados y vestidos de negro, armados con porras y palos de golf, paran a todos los vehículos para impedir que se infiltren efectivos de las fuerzas de seguridad. Mientras proseguían las conversaciones, un centenar de agentes de la brigada antidisturbios se posicionaron cerca del hotel Novotel, situado a unos 300 metros la terminal de Suvaranabumi, donde varios miles de seguidores de la Alianza parecían celebrar una fiesta.


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SIGUE LA CRISIS EN TAILANDIA

No se van del aeropuerto

Los manifestantes (foto) que ocupan los dos aeropuertos de Bangkok, la capital, amenazaron ayer con una revuelta popular si los cuerpos de seguridad cargan por orden del gobierno de Tailandia, que se ha atrincherado en el norte del país e intenta negociar un desalojo pacífico. Uno de los líderes de la antigubernamental Alianza del Pueblo para la Democracia, Chamlong Srimuang, advirtió que la gente se levantará contra el Ejecutivo y “nadie podrá controlar a las masas enfurecidas” en el caso de que se produzca una acción de fuerza por parte de la policía o los soldados, o se detenga a los cabecillas de las protestas.
Srimuang, ex gobernador de Bangkok y general del ejército en la reserva, hizo esa advertencia un día después de que el primer ministro, Somchai Wongsawat, declarara el estado de excepción en los aeropuertos de Suvarnabhumi y Don Muang, y diera instrucciones a la policía de llevar a cabo el desalojo de los manifestantes con el apoyo de efectivos de la fuerza aérea y la armada. Wongsawat instaló, de forma indefinida, su centro de gobierno en la ciudad de Chiang Mai, al norte del país.
A primeras horas de la mañana, la policía comenzó a negociar con los cabecillas de la Alianza en un intento de evitar el empleo de la fuerza para desalojar a los manifestantes de los dos aeropuertos que controlan desde hace dos días. “Les estamos pidiendo que permitan al aeropuerto reanudar sus operaciones. Seguimos hablando, pero si esto falla los dispersaremos”, declaró el jefe negociador de la policía, Suchart Muenkaew. Las advertencias de la policía no parece que vayan a doblegar a los congregados, que según Suriyasai Katasila, uno de los principales cabecillas, “lucharán hasta la muerte” antes de abandonar las terminales de los dos aeropuertos.
Los partidarios de la Alianza han establecido controles en las carreteras de acceso a los aeropuertos ocupados, en los que jóvenes enmascarados y vestidos de negro, armados con porras y palos de golf, paran a todos los vehículos para impedir que se infiltren efectivos de las fuerzas de seguridad. Mientras proseguían las conversaciones, un centenar de agentes de la brigada antidisturbios se posicionaron cerca del hotel Novotel, situado a unos 300 metros la terminal de Suvaranabumi, donde varios miles de seguidores de la Alianza parecían celebrar una fiesta.


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Sábado 29 de noviembre de 2008

Por Jane Perlez

Puede que los atentados múltiples del miércoles deterioren las relaciones y alimenten la desconfianza entre Pakistán e India

Bombay: los coletazos para Estados Unidos

No importa quién resulte responsable de los ataques, su escala y la elección de blancos internacionales hará más difícil la agenda del nuevo Gobierno estadounidense, pues uno de sus principales objetivos es justamente reencauzar la reconciliación entre ambos países para salvar su guerra contra el terrorismo.

Los ataques terroristas en Bombay se produjeron cuando India y Pakistán, dos naciones grandes, hostiles y con armas nucleares, se movían delicadamente por mejorar sus relaciones, alentadas por Estados Unidos y especialmente por la entrante administración de Barack Obama. Esos pasos podrían rápidamente descarriarse, con profundas consecuencias para EEUU, si Nueva Delhi encuentra huellas digitales paquistaníes en la bien planificada operación.
India ha manifestado sospechas, que Pakistán ha negado con vehemencia. Pero, no importa quién resulte responsable de los atentados, su escala y la elección de blancos internacionales hará más difícil la agenda del nuevo Gobierno estadounidense.

La reconciliación entre ambos países ha surgido como un postulado básico en los enfoques de política exterior del Presidente electo estadounidense y del nuevo líder del Comando Central, general David Petraeus. El punto está -según la Casa Blanca- en persuadir a Pakistán de que oriente menos su esfuerzo militar en su vecino indio y más contra del Talibán y sus socios de Al-Qaeda. Ello permitiría debilitar a los extremistas que combaten fieramente a las fuerzas estadounidenses y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Afganistán.

RETORNO DE RECRIMINACIONES

Pero es probable que ataques tan devastadores como los ejecutados en Bombay (resulten obra de extremistas indios locales o provenientes del exterior, o una combinación de ambos) deterioren las relaciones, alimenten la desconfianza y entorpezcan, al menos por ahora, las ambiciones estadounidenses de reconciliación en la región.

Las primeras señales fueron que India -donde están programadas elecciones estaduales para la próxima semana- asumiría una posición dura y culparía a su vecino. En su declaración al país, el Primer Ministro indio Manmohan Singh, quien ha tenido en el pasado un enfoque relativamente moderado hacia Pakistán, planteó un tono severo. Dijo que los ataques tenían probablemente "vínculos externos" y fueron realizados por un grupo "basado fuera del país". Habría "un costo" para "nuestros vecinos", dijo, si se estableciera que su territorio fue usado como plataforma de lanzamiento.

Si bien el Premier no mencionó a Pakistán, todos (y ciertamente los programas noticiosos de TV paquistaníes) supieron lo que quería decir, y que la larga historia de recriminaciones paquistaní-india había retornado.

Por ejemplo, el Hindustan Times, influyente diario indio, informó el jueves que las agencias de seguridad de India creían que los ataques múltiples fueron ejecutados por un grupo islámico cachemir, Lashkar-e-Taiba (LeT), que opera desde Pakistán. El medio casi llegó a decir que la principal agencia de inteligencia paquistaní, el ISI, había ayudado a LeT a planificar y ejecutar la operación de Bombay, un rol que el Gobierno de Nueva Delhi ha atribuido al ISI en anteriores ataques terroristas.

Pero si India descubre que la agencia de inteligencia está ligada a los ataques (aunque fueran elementos parias), la relación ligeramente más cálida que se ha ido creando entre los vecinos sin duda se congelaría. Y esa podría haber sido en parte la motivación de quienes hayan realizado los ataques.

"Si los indios creen que esto fue de Lashkar-e-Taiba y de Al-Qaeda, como lo están sugiriendo, podríamos ver una crisis como la de 2002, con enormes presiones para hacer algo", dijo un funcionario estadounidense bajo condición de anonimato, por no estar autorizado a hablar sobre la materia.

Después de que una docena de personas murió en el Parlamento indio en diciembre de 2001, India culpó al grupo jihadista Jaish-e-Muhammad y afirmó que el ISI había respaldado la operación. Durante el año siguiente los vecinos estuvieron al borde de la guerra y concentraron fuerzas militares a lo largo de su extensa frontera.

¿CONGELADO EL DIÁLOGO?

Algunas de las iniciativas para mejorar la atmósfera entre India y Pakistán estaban en curso en la noche de los ataques de Bombay. El ministro paquistaní de Relaciones Exteriores Shah Mahmood Qureshi, en un viaje de cuatro días, acababa de terminar conversaciones con su colega indio Pranab Mukherjee sobre terrorismo, comercio y la flexibilización de las restricciones para las visas, cuando los terroristas golpearon.

Visiblemente conmovido por los ataques, Qureshi apareció el jueves en la televisión india calificando los ataques como "bárbaros" e instó a que ambas partes no recurran a reacciones "precipitadas" y a que dejen de lado el acostumbrado "juego de las culpas". Otros altos funcionarios paquistaníes condenaron también los ataques.

Pero hubo también una ansiedad inmediata entre los paquistaníes acerca del inequívoco tono del Premier indio. "Es injusto culpar a Pakistán o a los paquistaníes por estos actos de terrorismo, incluso antes de que se lleve a cabo una investigación", dijo el embajador de Islamabad en EEUU, Husain Haqqani.
"En lugar de anotarse puntos a expensas de un país vecino que también es víctima del terrorismo, es hora de que los líderes de la India trabajen juntos con los líderes electos de Pakistán para formar un frente común contra el terrorismo", agregó.

Moonis Ahmar, de la Universidad de Karachi, afirmó que, a menos que se proceda con cautela, uno de los aparentes objetivos de los ataques contra Bombay será logrado. Y la nueva agenda estadounidense de reconciliación entre ambos países será sacrificada. "Es una conspiración bien pensada para desestabilizar las relaciones entre los dos países", dijo Ahmar.

International Herald TribuneThe New York Times Syndicate

LA OPERACIÓN FUE PLANIFICADA HACE SEIS MESES

Uno de los responsables de los ataques en Bombay, que fue detenido por las fuerzas de seguridad indias, sostuvo que la seguidilla de ataques contra blancos civiles fue planificada seis meses atrás, afirmó ayer la televisión india NDTV. En estos momentos los investigadores están analizando los teléfonos satelitales y los GPS hallados junto a los terroristas muertos en los enfrentamientos armados con los cuerpos especiales. Fue precisamente a partir de un GPS que fue posible descubrir que los terroristas habían partido de Karachi el 12 ó 13 de noviembre. Además, uno de los celulares hallados sobre el cadáver de uno de los atacantes habría sido utilizado para contactar en Pakistán al comandante del Lashkar-e-Taiba (LeT), Ysuf Muzamil en Muzaffarabad.

Aunque las fuerzas de seguridad lograron rescatar a los pasajeros que hasta ayer estaban cautivos en el Hotel Oberoi, el caos en Bombay aún no puede controlarse. Al caer la noche, el número de víctimas fatales ascendía a 155 y el de heridos sobrepasada los 400, cifras que podrían incrementarse, pues hasta el cierre de esta edición el Hotel Taj Mahal permanecía asediado por las fuerzas de seguridad, que aún no podían controlar completamente la situación, pues dos atacantes estarían guarnecidos al interior del inmueble.

Uno de los operativos de asalto exitosos de ayer fue el efectuado en las instalaciones de un centro judío de Bombay, Nariman House. Una docena de comandos indios se descolgó por la mañana hasta el tejado desde dos helicópteros, mientras un centenar de efectivos rodeaban el efectivo. Dos de los terroristas fallecieron, mientras que cinco cadáveres de rehenes fueron encontrados al interior del centro. Si bien aún no se sabe el número de los liberados ni los nombres de los fallecidos, informaciones sostienen que entre estos últimos se encontrarían el rabino y su esposa. Sobre la toma de Nariman House, la Premier de Israel Tzipi Livni dijo que “no tenemos duda de que el objetivo de los terroristas eran los judíos y los israelíes, que identifican con los occidentales, con los estadounidenses y los británicos”.

EL DRAMA DE UN ESPOSO Y PADRE ITALIANO EN EL OBEROI

El italiano Emmanuelle Lattanzi, cocinero del Oberoi, vivió durante 40 horas el drama de tener a su mujer y a su hija de pocos meses secuestradas en una habitación del hotel, tras los atentados del miércoles, con el agravante de que sabía que la pequeña corría el riesgo de morir de hambre. El hombre tenía la certeza de que era mucho tiempo para la niña y aprovechando sus conocimientos del edificio decidió ingresar incluso mientras las autoridades aún recorrían los pisos del inmueble en busca de atacantes. Emmanuelle resistió hasta la mañana de ayer y, a pesar de que los agentes indios seguían aconsejando prudencia porque podía haber algún terrorista en el lugar, decidió entrar con una lata de leche en polvo para su hija. “Un gesto valiente”, dio el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, inmediatamente después de haber sido informado del caso.
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